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Buscar trabajo después de los 50 en Chile: qué cambia, qué funciona y qué no
Por el Equipo re•startActualizada el
Qué cambia de verdad, y qué no
Cambian cuatro cosas. Ninguna es que tu experiencia valga menos.
- Te lee gente que no te conoce. Adentro, tu trabajo hablaba solo: todos sabían qué habías arreglado. Afuera, un headhunter o un gerente sabe de ti lo que dice tu LinkedIn y lo que le cuentas en los primeros minutos.
- Las preguntas son otras. Al principio de la carrera te preguntaban qué sabías hacer. Ahora te preguntan, directo o entre líneas, si te vas a adaptar, si no eres demasiado para el cargo, cuánto esperas ganar y por qué saliste.
- La búsqueda toma tiempo. Suele ser un trabajo de meses, no de semanas. Que tarde no dice nada malo de ti; lo que sí conviene es ordenarse para eso desde el primer día: la plata, una rutina y una meta por semana.
- Hay prejuicios por edad, y no desaparecen porque los ignores. No controlas el prejuicio de otro; sí controlas qué ve primero de ti: que sea lo que resolviste y no el año en que saliste de la universidad.
Lo que no cambia: te contratan para resolver un problema. Con muchos años de carrera has visto más problemas resueltos que casi cualquiera en la sala. El trabajo de la búsqueda es que eso se note rápido y en las palabras de quien contrata.
Años en una o dos empresas: el problema es contarte
Si estuviste años en una o dos empresas, probablemente nunca tuviste que contarte. Las pegas llegaron porque alguien te conocía, los ascensos llegaron porque tu jefatura veía tu trabajo y el currículum lo actualizaste por última vez hace mucho.
Por eso, cuando alguien dice «háblame de ti», suele salir una de dos cosas: la lista de cargos en orden, o una modestia que borra lo que hiciste («bueno, yo veía la parte de operaciones»). Ninguna le sirve a quien escucha. La primera es el currículum dicho en voz alta; la segunda esconde justo lo que haría que te contraten.
No te falta experiencia: te falta tenerla traducida. Traducida quiere decir cuatro cosas por historia: qué problema había, qué hiciste tú, qué cambió y cómo lo sabes. Con tres o cuatro historias así, escritas, tienes material para todo lo que viene: tu LinkedIn, un café con un contacto, la llamada de un headhunter y la entrevista.
Los ejemplos de esta guía son ilustrativos: los cargos, los años y las cifras están inventados para mostrar la forma, y no son de personas reales.
Estuve veintidós años en la misma empresa. Pasé por varias áreas y los últimos años fui jefe de operaciones. Me tocó ver de todo.
Llevo más de veinte años en operaciones de distribución. Lo que mejor hago es ordenar una operación que creció más rápido que sus procesos: en mi último cargo, uno de cada cinco pedidos salía atrasado, y en un año lo dejamos en uno de cada veinte, con el mismo equipo.
Usa tus cifras. Si no tienes el número exacto, cuenta el antes y el después con palabras; no lo inventes, porque te lo van a preguntar.
Cómo mostrar experiencia sin que se lea «caro» o «desactualizado»
Quien entrevista a alguien con muchos años de carrera suele tener dos dudas que no dice: que le vas a salir caro y que no te vas a adaptar. No se contestan con «soy flexible» ni con «me adapto a todo». Se contestan con hechos, antes de que las pregunten.
- Cuenta lo reciente con detalle y lo antiguo en una línea. Los últimos diez o quince años van con logros; lo anterior, con cargo, empresa y, si vale la pena, un resultado. No es esconder nada: es poner adelante lo que más se parece al cargo.
- Muestra algo que aprendiste hace poco y cómo lo usaste: un sistema que implementaste, una herramienta que adoptaste, un curso que aplicaste en algo concreto. «Estoy aprendiendo…» vale menos que «el año pasado lo usé para…».
- Habla en la escala del cargo. Si postulas a una jefatura, cuenta lo que resolviste a ese nivel; el presupuesto que manejabas como gerente puede ir después, si te lo preguntan.
- Di con quién trabajas bien, con un ejemplo: equipos jóvenes, jefaturas menores que tú, gente de otras áreas. Un caso concreto convence más que cualquier adjetivo.
- Ten tu rango de renta pensado antes de la primera llamada. «Caro» muchas veces es una expectativa que nadie conversó. Si el cargo te interesa y el rango es menor, dilo claro y di por qué te interesa igual.
El año pasado cambiamos el sistema de gestión de la bodega. Lideré la puesta en marcha con el proveedor y capacité a los supervisores; a los tres meses ya nadie usaba la planilla antigua.
Un hecho reciente, con fecha y con lo que hiciste tú, contesta la duda antes de que aparezca.
Evitar
- «Tengo treinta años de experiencia» como primera frase: cuenta años, no lo que hiciste con ellos.
- «En mis tiempos…» o «antes esto se hacía mejor»: se lee como desactualizado, aunque tengas razón.
- Un currículum de cuatro páginas: lo importante queda en la página tres y nadie llega ahí.
- Maquillar fechas para parecer menor: si tu LinkedIn dice otra cosa, la pregunta que queda es peor que la que querías evitar.
Tu LinkedIn y tu red
Antes de reunirse contigo, lo normal es que te busquen en LinkedIn. No necesita ser brillante: necesita decir en una línea qué resuelves y tener un «acerca de» que suene a ti.
El titular es la línea que aparece junto a tu nombre en todas partes: en una búsqueda, en un comentario, en una invitación. Si dice sólo el cargo que ya no tienes, o «buscando nuevos desafíos», no le dice nada a quien lo lee. Una fórmula simple: qué haces, qué resuelves en palabras de quien contrata y en qué rubro.
Operaciones y logística | Ordeno centros de distribución que crecieron más rápido que sus procesos | Retail y consumo masivo
Finanzas y control de gestión | Presupuestos y reportes para empresas familiares que se están profesionalizando | Industria y servicios
Jefatura comercial | Equipos de venta en terreno y relación con distribuidores | Interés en salud y educación
Sin «apasionado», «proactivo» ni «líder con visión»: están en todos los perfiles y no distinguen a nadie.
El «acerca de» es tu presentación por escrito: tres o cuatro párrafos cortos, en primera persona. Qué haces, dos resultados con cifras tuyas, cómo trabajas y qué buscas ahora. Son las mismas historias de más arriba, en su versión escrita.
Tu red es lo que tienes y alguien que recién empieza no tiene: gente que trabajó contigo y sabe cómo trabajas. Un error común es escribir «si sabes de algo, avísame»: nadie sabe qué contestar a eso. Funciona pedir algo chico y concreto: veinte minutos de conversación, una opinión, un nombre.
Hola, Patricia. ¡Tanto tiempo! Te escribo porque salí de la distribuidora después de muchos años y estoy buscando un cargo en operaciones, idealmente en retail o consumo masivo. No te estoy pidiendo pega: me serviría mucho tu mirada sobre cómo está tu rubro. ¿Tendrías veinte minutos para un café o una llamada en las próximas semanas? Si no puedes, ningún problema; me alegra saber de ti igual.
Patricia, gracias por el café de ayer. Me quedé pensando en lo que dijiste de los centros de distribución regionales. Si se te ocurren una o dos personas con las que valga la pena conversar, te lo agradecería mucho. Te dejo mi LinkedIn para que puedas reenviarlo sin tener que explicar nada.
Un mensaje, una petición. Si no contesta en una semana, un recordatorio corto; si tampoco, lo dejas ahí y sigues con tu lista.
La entrevista: dos respuestas que conviene llevar escritas
Hay dos preguntas que vale la pena llevar escritas y dichas en voz alta: «háblame de ti», que suele abrir la entrevista, y la que con muchos años de carrera aparece de una forma u otra: «¿no estás sobrecalificado?».
«Háblame de ti» se contesta en un minuto, o un poco más, y en tres partes: qué haces hoy, una prueba de que lo haces bien y por qué este cargo. La universidad y el primer trabajo, sólo si te los preguntan.
Soy ingeniera civil industrial y llevo más de veinte años en operaciones de distribución; los últimos ocho, a cargo de un centro que abastece a todas las tiendas de la zona sur. Lo que mejor hago es ordenar operaciones que crecieron más rápido que sus procesos: en mi último cargo bajamos los despachos atrasados a una cuarta parte en un año, con el mismo equipo. Salí en una reestructuración y busco un cargo donde haya que ordenar una operación que está creciendo, que es lo que entiendo que ustedes están haciendo con la apertura en regiones.
La última frase cambia en cada entrevista: es la que muestra que leíste el aviso.
Detrás de «¿no estás sobrecalificado?» suele haber uno de tres miedos: que te aburras y te vayas pronto, que pidas más plata de la que hay o que compitas con quien te va a supervisar. La respuesta los toma de frente, sin ponerse a la defensiva, y con una razón verdadera para querer ese cargo.
Entiendo la pregunta, y es justa. Tengo más experiencia de la que pide el aviso, y justamente por eso me interesa: en este cargo se resuelve la operación, que es lo que más me gusta hacer, y no quiero volver a un puesto donde paso el día en comités. La renta ya la conversamos y me acomoda. Y he trabajado con jefaturas menores que yo: funciona bien cuando está claro quién decide, y no tengo problema en que no sea yo.
Prefiero que lo hablemos ahora. Si te preocupa que me vaya en seis meses, te cuento por qué no: quiero quedarme en Concepción, cerca de mi familia, y este es el tipo de trabajo que quiero hacer los próximos años. Si es la renta, dime el rango y lo vemos. Y si es otra cosa, prefiero saberla para poder responderte.
La razón tiene que ser verdadera. Si no quieres el cargo, se nota en la pregunta siguiente.
Otras preguntas que conviene llevar pensadas:
- «¿Por qué saliste?»: qué pasó en una o dos frases, sin culpar a nadie, y lo que buscas ahora. Tiene su propia guía.
- «¿Cuánto esperas ganar?»: un rango pensado de antemano y la disposición a conversarlo.
- «¿Cómo te llevas con la tecnología?»: un hecho reciente, como el de la bodega, en vez de un adjetivo.
- «¿Dónde te ves en unos años?»: en este cargo, haciéndolo bien, y qué te gustaría haber logrado ahí. No hace falta un plan de ascensos.
Dónde buscar
No hay un solo canal. Conviene repartir el tiempo entre la gente que te conoce y la que no, más o menos en este orden:
- Tu red. Ex compañeros, ex jefaturas, proveedores y clientes. No para pedirles pega, sino para que sepan qué buscas y te nombren cuando aparezca algo. Es el canal donde tu historia se entiende sin explicarla.
- Las empresas que conoces por dentro. Proveedores, clientes y competidores de tu rubro ya saben quién eres. Una conversación con la persona correcta puede llegar antes que el aviso.
- Headhunters. Trabajan para la empresa que les paga la búsqueda, no para ti. Te sirve que te tengan ubicado: un LinkedIn claro, un currículum corto y una respuesta rápida cuando llaman. Si alguien te cobra por «presentarte» a empresas, pregunta bien qué estás pagando: eso no es la búsqueda de un headhunter.
- La OMIL de tu comuna (Oficina Municipal de Información Laboral). Da orientación laboral y talleres de currículum y de entrevista.
- La Bolsa Nacional de Empleo (bne.cl): un sistema gratuito y en línea que junta a quienes buscan trabajo con quienes buscan gente.
- Portales de empleo y los avisos de LinkedIn. Sirven si postulas a pocos avisos y con el currículum ajustado a cada uno. En masa y con el mismo texto, tu postulación queda entre muchas parecidas.
Si te interesa, un proyecto o una asesoría acotada también es una puerta: te mantiene en movimiento, te da algo reciente que contar y a veces termina en un cargo.
Por dónde empezar esta semana
Escribe tus tres historias
Tres problemas que resolviste: qué había, qué hiciste tú, qué cambió y cómo lo sabes. Con cifras si las tienes; con palabras si no.
Arregla el titular y el «acerca de»
Con esas historias, no con adjetivos. Pídele a alguien de confianza que lo lea y te diga qué entendió que haces.
Escribe tus dos respuestas
«Háblame de ti» en un minuto y «¿por qué saliste?» en no más de cinco frases. Dilas en voz alta hasta que suenen a ti y no a un texto.
Arma tu lista de contactos
Veinte nombres de gente que trabajó contigo y sabe cómo trabajas. Escríbeles de a pocos cada semana, con un mensaje distinto para cada uno.
Mide conversaciones, no postulaciones
Una buena semana tiene dos o tres conversaciones con personas, aunque no haya ninguna oferta. Es la parte de la búsqueda que más depende de ti.
Qué no hacer
Evitar
- Postular a todo con el mismo currículum: se nota, y el headhunter que te ve en cinco búsquedas distintas no sabe dónde ponerte.
- Pedir disculpas por los años («sé que tengo harta experiencia, pero…»): le enseñas a la otra persona a verlo como un problema.
- Hablar mal de la empresa de la que saliste, aunque tengas razón: quien escucha se imagina en el lugar de esa empresa.
- Decir que te da lo mismo el cargo: se lee como que no sabes qué buscas, y nadie sabe para qué recomendarte.
- Esperar a tener todo perfecto para escribirle a tu red: la red se enfría. Es mejor escribir con el LinkedIn a medio arreglar que esperar tres meses.
- Pagar por algo que te promete una pega: nadie la puede prometer. Antes de pagar, pregunta qué te llevas, concretamente.
Preguntas frecuentes
¿Cuánto se demora encontrar trabajo después de los 50?
Suele tomar meses, no semanas, y depende mucho del cargo, del rubro y de la región. Más útil que un promedio es ordenarte para una búsqueda larga: cuánto tiempo te alcanza la plata, qué vas a hacer cada semana y cómo vas a saber si avanzas. Una buena medida son las conversaciones con personas, no las postulaciones enviadas.
¿Pongo mi edad o una foto en el currículum?
La edad no hace falta, y tampoco el estado civil: no dicen nada de lo que sabes hacer. La foto en el currículum es opcional. En LinkedIn sí conviene una foto reciente y simple, con la cara bien visible: es lo primero que ven de ti antes de conversar.
¿Cuántos años de experiencia pongo en el currículum?
Toda tu carrera, pero no con el mismo detalle. Los últimos diez o quince años van con logros concretos; lo anterior, en una línea por cargo. Con dos páginas alcanza. Borrar etapas completas para parecer menor deja preguntas peores que las que evitas.
¿Qué contesto si me dicen que estoy sobrecalificado?
Contesta el miedo que hay detrás: que te aburras, que pidas más plata o que compitas con tu jefatura. Di por qué quieres este cargo en concreto, cuál es tu rango de renta o que ya lo conversaron, y cómo trabajas con jefaturas más jóvenes, con un ejemplo. Sin ponerte a la defensiva.
¿Me conviene aceptar un cargo de menor nivel o con menos renta?
Puede convenir, si es una decisión y no un reflejo. Hazte tres preguntas: si el trabajo en sí te interesa, si la renta te alcanza con tranquilidad y si te deja en un lugar desde donde puedas moverte después. Si las tres son sí, tómalo y cuéntalo como una elección («quiero volver a la operación»), no como una rebaja.
¿Y si quiero cambiar de rubro?
Se puede, y se cuenta por el tipo de problema que resuelves, no por el rubro: «ordeno operaciones que crecieron rápido» sirve en retail, en salud o en una empresa de servicios. Elige uno o dos rubros de destino, conversa con gente que trabaje ahí antes de postular y usa sus palabras en tu LinkedIn.
¿Sirve hacer un curso o un diplomado antes de buscar?
Sirve si tapa un vacío concreto que viste en los avisos a los que postulas y si lo puedes usar en algo que después se pueda contar. Como credencial suelta, rara vez cambia una conversación. No esperes a terminarlo para empezar a buscar.
¿Sirve la OMIL si busco un cargo profesional?
Puede servir: da orientación laboral y talleres de currículum y de entrevista. Para jefaturas y gerencias, úsala como un canal más, junto a tu red y los headhunters, no como el único.
Todo lo de arriba lo puedes hacer por tu cuenta, con tiempo y un documento en blanco: tus tres historias, el titular, el «acerca de» y las dos respuestas. Si prefieres no partir de la hoja en blanco, re•story (restory), de re•start, lo hace contigo: una IA te pregunta una cosa a la vez, te pide ejemplos y cifras, y escribe cómo presentarte, qué poner en LinkedIn y cómo explicar por qué saliste, sólo con lo que contaste o subiste. Una persona del equipo lo lee antes de entregártelo.